Comentario: Los cinco sentidos del periodista (estar, ver, oír, compartir y pensar) – Ryszard Kapuściński


Que Ryszard Kapuściński (Pinks, 1932 – Varsovia, 2007) era un genio, es algo que no duda nadie. Que era un gran escritor y reportero tampoco. Y aparte un gran orador y profesor.

Pues esto último lo descubrí hace cosa de un mes cuando se me ocurrió comprar Los cínicos no sirven para este oficio. Me habían hablado tanto y tan bien de este señor que no resistí la tentación de cogerlo cuando lo vi en la tienda.


Lo primero que me sorprendió es que no lo había escrito él, a pesar de llevar su nombre en la portada. Al menos, en el sentido estricto, pues no se sentó y se puso a escribir, si no que otra persona, Maria Nadotti, publicó los apuntes que tenía de lo que Kapuściński contó en unas conferencias. Si tenemos en cuenta que son sus palabras, sí podemos decir que es el autor. Gracias a esta persona, todos podemos gozar del placer de “asistir” a una conferencia del maestro Kapuściński.

Ryszard Kapuscineski (Wikipedia)

Con el libro del que voy a hablar, ocurre algo parecido. Los cinco sentidos del periodista es una iniciativa de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano que llamó a Kapuściński para dirigir unos talleres en México y en Buenos Aires y luego publicó de manera gratuita esta obra, resultado de sus charlas.

En esta publicación, Kapuściński critica, y con razón, algunos aspectos de los mass media. Por ejemplo, condena duramente que, habiendo tanta competencia, se de una información fragmentaria que hace llegar a los espectadores verdades a medias. También protesta por la concentración de la información, porque los corresponsales van en manada a unos hechos, olvidando otros. La pelea entre jefe y corresponsal es otro tema de los que trata. Termina hablando del Nuevo Periodismo, sus libros y la Globalización y cómo ésta afecta al oficio. La última parte consiste en las preguntas de los talleres.

I. El oficio.

Hace cincuenta años este oficio se veía muy diferente a cómo se percibe hoy. Se trataba de una profesión de alto respeto y dignidad, que jugaba un papel intelectual y político (…) Pero eso cambió en los últimos 20 años, a partir de una tremenda transformación en las prácticas de este oficio. Kapuściński es muy pesimista en el tema del periodismo actual. Pero lo que dice es cierto. De hecho, esto es cada vez más acentuado. La profesión pasa por una crisis que parece no tener solución o que no se está buscando. Porque la concentración empresarial que la crisis (económica) está provocando no ayuda precisamente. Si ya hay problemas de que la gente no lee los periódicos y, encima, se da cada vez una información más sectaria, en vez de invertir en nuevas formas de periodismo y en mejorar tanto las ya existentes como los contenidos, vamos por mal camino.

Recientemente, se ha confirmado la noticia de la fusión entre Antena 3 y LaSexta y la compra de Cuatro por parte de Telecinco. La crisis les ha obligado. Y las consecuencias serán un menor pluralismo y contenidos más nivelados. Otra cosa que perpetuará la mala imagen de los periodistas. Por otro lado, a partir de enero, TVE no podrá emitir anuncios, pasando a financiarse con porcentajes de las privadas. Si estas tienen éxito, llegará mucho dinero a TVE que podrá invertir en programación de calidad. Pero si TVE aumenta su audiencia, perderá dinero. Esto significa que tendrá que dar malos contenidos y que la televisión pública tampoco contribuirá a mejorar la visión de la profesión.

Dice Kapuściński que hace 50 años, los periodistas eran gente conocida y admirada, pero que ahora es una persona anónima porque el producto final (…) constituye el resultado de una cadena de gente. Es decir que antes el periodista hacía todo, hablar con la gente, escribir la noticia, mandarla, de vez en cuando hacer las fotos y que tenía un gran prestigio por su trabajo, mientras que ahora hay un montón de gente, grabando, editando, etc que nadie conoce.

Como consecuencia (…) se ha perdido (…) el orgullo de lo personal. Este orgullo implicaba también la responsabilidad del periodista. Al no quedar ni orgullo, ni fama, el periodista no es responsable de lo que dice. En este punto, no estoy de acuerdo, pues cada día vemos que hay denuncias por injurias o calumnias. Por ejemplo, la condena al director de la SER, Daniel Anido, y al jefe de los servicios informativos, Rodolfo Irago, por publicar una lista de nombres de personas supuestamente afiliadas irregularmente al Partido Popular. La sentencia condena el uso de Internet para publicarlo, por no ser un medio de comunicación social.

Además, sí quedan nombres propios de la profesión: Gabilondo, Prats, Carlos Herrera, etc. Aunque sí es cierto que lo son por su trayectoria y que hay pocos nombres jóvenes. Pero serán famosos poco a poco.

Nuestra tarea, dice, importará cada día más por dos razones: (…) porque puede manipular la opinión pública (…) y porque los medios construyen un mundo virtual que remplaza al real. La manipulación se entiende fácilmente. Como señala, ya no existe la censura, salvo en ciertos países y según que aspectos, pero a los poderosos les importan los medios porque así dominan la imagen que dan a conocer a la sociedad y operan sobre la mentalidad y la sensibilidad de las sociedades a las que gobiernan. Todos sabemos que se dan licencias de emisión a los amigos.

En lo referente al mundo virtual, Kapuściński dice que con los medios, vivimos en un mundo donde la historia es doble, por un lado la que se estudia en la escuela y nos enseñan nuestros padres, por otro lado la que nos inculcan los medios. Esto es un problema cuando vivimos cada vez más en la (historia) ficticia.

Siendo una fuente de historia, la televisión elabora y relata versiones incompetentes y erróneas, que se imponen sin ser contrastadas con fuentes auténticas o documentos originales. Kapuściński cita como ejemplo los hechos de Ruanda en 1994, de los que nadie, salvo expertos, tuvo conocimiento real, muy poca gente sabe lo que realmente pasó allí sentencia.

Esta construcción ficticia fue la única historia que conocimos, la única que hubo y quedó, porque las voces alternativas (…) no pueden ofrecer la misma accesibilidad que los medios masivos. Muy acertadamente, añade se trata de un problema que seguiremos sufriendo mientras las noticias muevan tanto dinero, estén influidas pro el capital y compitan como productores de los dueños de los medios.

A continuación, Kapuściński nos enseña que el trabajo periodístico pasa por trabajar junto a otras personas. (El resultado del trabajo del periodista) se trata de una obra colectiva en la que participan las personas de quien obtuvimos la información.

Por ello nos dice que una condición fundamental para ejercer este oficio consiste en ser capaz de funcionar en conjunto con otros. El periodista nunca debe sentirse por encima de los demás, sino que debe ser un par, uno más.

El mejor camino para obtener información es la amistad (…) es imprescindible, ganarse la confianza de la gente. Esto era en su época y durante los conflictos de los que fue corresponsal, porque ahora no creo que sea así. La gente está deseando salir en la televisión para decir lo que sea, aunque no tenga ningún interés o sentido. Cuando hay manifestaciones, la gente no huye de los micrófonos, lo que interesa es que se sepa. Cuando ha habido un asesinato, siempre están los vecinos dispuestos a salir diciendo que era un buen chico, que quien se lo hubiera imaginado,… Cuando alguien no quiere salir en televisión por miedo a la manipulación, rápidamente se entiende esto como una prueba de su culpabilidad: “no quiere salir porque no puede negarlo”. En un conflicto militar en un remoto país, hay mucha más reticencia, porque puede peligrar la persona o porque no quieren que manipulen la información. Lo que es contraproducente, pues si el afectado no se defiende, la manipulación puede ser mayor. En estos casos sí, es cierto, tienes que estar mucho tiempo para conseguir una relación que te suponga obtener algo de información, pero en España, con que saques la cámara o el micrófono, la gente te cuenta su vida si hace falta. Allí, nosotros nos vamos y nunca más regresamos, pero lo que escribimos sobre las personas se queda con ellas por el resto de su vida. Nuestras palabras pueden destruirlos. Aquí y ahora, no.

El periodista es un cazador furtivo de todas las ramas de la ciencia humana. El periodista está obligado a seguir estudiando, porque el mundo cambia y la profesión no es estática, cada vez se ocupa de nuevos datos, nuevos hechos y nuevos problemas. Hay que estudiar siempre para poder decir qué es lo que ocurre nuevo y entenderlo, claro. Esto parece bastante evidente, nadie -periodista o no- puede hablar de lo que no conoce, aunque hay demasiada gente que lo intenta. Lo vemos todos los días en las tertulias: hablan de todo sin saber de nada. Por cierto, algo que tampoco contribuye demasiado a la buena imagen del periodismo. Los periodistas debemos conocer, leer, estudiar el tema del que vamos a hablar. Si el país al que nos trasladan se llama Chile, en primer lugar deberíamos saber que su capital es Santiago de Chile, que tiene una población de 16.928.873 de personas y que su Presidenta es Michelle Bachelet Jeria, entre otras cosas. Si no se sabe eso, no se podrán explicar cientos de cosas que ocurrirán allí. Para hacer una información de calidad, es necesario conocer algunos conceptos. La excusa de la falta de tiempo y de la competencia no debe ser escuchada; la mejor forma de vencer a la competencia, es aportando datos que ellos no tengan.

II. Los medios.

Este oficio ha cambiado por dos razones importantes. La revolución tecnológica que permitió trasmitir la noticia de una manera fácil inmediata es la primera de ellas. Dice Kapuściński que años atrás, lograr que la noticia llegara a su destino final era en sí el tema de una crónica. Me imagino las dificultades para ponerse en contacto con Europa desde la corresponsalía en cualquier región de África, sin teléfono, viéndose obligado a coger una caravana hasta la ciudad más próxima para intentar llamar…

La segunda razón es mucho más importante y tiene mayores consecuencias: la noticia se ha convertido en un buen negocio. Gracias a ello, entró un montón de capital en los medios, algo bueno para mejorar la práctica. Como bien dice Kapuściński, antes el periodismo era una cosa de ambición o ideales, pero se descubrió que servía ganar mucho dinero y rápido.

Una de las consecuencias fue la configuración de redes de comunicación masiva que dividieron el campo de la noticia en dos sectores: los grandes multimedia y los pequeños medios marginados. Y en estos grandes, aparecieron directivos que no provenían de las periodismo lo que provocó una brecha entre los dueños (…) y (…) los periodistas por las diferencias de intereses. La consecuencia de ello a sido un hecho terrible: si hasta ahora la profesión siempre se basó en buscar la verdad, hoy el jefe solo te pide que lo que cuentes sea interesante y que se pueda vender. Y así, tenemos los medios llenos de sucesos, noticias sensacionalistas, exageraciones y mentiras. Y cuando la realidad dejó de ser suficiente, se creó la telerrealidad, grandes shows que permiten llenar la programación de tres espacios distintos. El problema mayor es cuando uno de esos espacios son las noticias.

Otra de las consecuencias ha sido el cambio físico en redacciones y estudios. Antes los medios se instalaban en edificios de segunda categoría y disponían de espacios estrechos y mal acondicionados mientras que ahora ocupan suntuosos palacios llenos de mármoles y espejos. Grandes castillos para los poderosos.

Actualmente el poder está en manos de quien posea un estudio de televisión, un diario, una radio (…) Esta enorme y creciente influencia de los medios se ha advertido mejor que en otro ámbito en el mundo político que lucha por tener más presencia en ellos. Se puede ver esto cada día; siempre hay alguna noticia sobre políticos en las noticias, aunque no digan nada y simplemente salgan para lucir palmito. Siempre que leo cosas como lo anterior, pienso en Berlusconi, que no solo controla la televisión pública, sino que posee las empresas privadas de información. Controla los medios de toda Italia y además sale en los programas. Y tiene alienados a todos los italianos, que no protestan ni se oye una voz más alta que otra. Y cuando sí lo hacen, la popularidad de Silvio aumenta, como cuando aquel hombre le lanzó la reproducción de la Catedral de Milán a la cabeza.

Otra de las consecuencias del negocio de la información es que ya no les interesa (a los medios) tanto lo que suceda afuera, sino que los demás medios no se adelanten, que no publiquen algo que ellos no tienen.

Por eso una gran manada de medios se mueve,(…) creando una brutal centralización de la noticia. Los medios se mueven en grupo y solo miran a los otros medios, pero ninguno mira al mundo. Así que si tenemos veinte guerras en todo el mundo, se retransmiten dos y en Occidente solo se enteran de esas. Las otras no existen.

Un cambio ha sido que el corresponsal ha perdido la libertad que tenía para hacer su trabajo, buscar la información, la seleccionaba y la redactaba. Hoy, los enviados se han convertido en simples peones, cuyos jefes les mueven a través del mundo. Lo peor es que el jefe recibe la información por otras fuentes y le dice al corresponsal qué es lo que tiene que decir, limitando a este a confirmar lo que él dice porque no puede esperarse pacientemente a que el reportero termine su labor. Si le esperase, un medio rival se adelantaría.

Ese es un grave problema, a los periodistas se les da muy poco tiempo para juntar la información con que escribirán la noticia o la crónica. Todos sabemos que para hacer las cosas bien, con la profundidad que requiere el ejercicio de esta profesión, hace falta contar con tiempo. De aquí, dice Kapuściński, la lucha entre redactor y editor. Resolver las cosas en poco tiempo conduce a la superficialidad y la falsedad; pero es barato y hace ganar dinero. O eso les parece a los jefes.

Esto conduce que muchos problemas del mundo no sean conocidos. La televisión no las enseña, sino que, al contrario, las simplifica, las reduce a unas palabras. Lo poco que sí se conoce, se conoce a medias. Sobre todo por el tiempo.

Pero, como dice Kapuściński, estamos ante un fenómeno nuevo, que se encuentra en pleno desarrollo. Y, como la literatura que estudia la comunicación es muy crítica terminará influyendo de cierta manera en el desarrollo de los medios. Así que, siendo optimistas, podemos suponer que los medios mejorarán, se harán más profesionales.

Kapuściński dice esto, pero avisa: mucha gente busca en los medios un momento de diversión y no de ciencia seria. No se puede pedirle a la televisión lo que la gente no quiere, que nos enseñe, que nos muestre el mundo. Tiene razón, pero debo matizar este punto. El entretenimiento existe en los medios, igual que existe en la vida real pero no se debe unir al ejercicio del periodismo. Si quieren divertirse, emocionarse que vean una serie, pero las noticias deben seguir siendo un reducto serio, apartada del sensacionalismo y la telebasura.

III. Nuevo periodismo.

El motivo de los talleres era el estudio del New Journalism, esa práctica de los años sesenta que consistía en adaptar el lenguaje literario al periodismo. Algunas figuras fueron Norman Mailer, Truman Capote y Tom Wolfe que llegaron a la conclusión de que el lenguaje periodístico (…) no era capaz de reflejar la realidad en todos sus matices.

Ese lenguaje (…) es muy pobre: emplea tan solo un promedio de mil palabras. Es imposible con tan poco, contar todo lo que ocurre en el mundo, se pierde parte de su riqueza. Para Kapuściński, este lenguaje domina la prensa diaria porque tiene el valor de ser eficaz y rápido, pero (…) resulta demasiado superficial y limitado. Para solventar estas deficiencias, estos periodistas decidieron adoptar el lenguaje de la literatura de ficción, muchísimo más rico. El Nuevo Periodismo nació de dos ámbitos hasta ese momento diferentes: uno, los acontecimientos y las personas reales (…) y las herramientas y técnicas de la ficción, que enriquecen la descripción de esos acontecimientos y personas.

Otro cambio importante transformó el contenido de nuestro trabajo. Ocurrió que la televisión “robó” la descripción de imágenes. Hasta este momento, la descripción era muy importante en la literatura, servía para que el lector imaginase. Hoy, la televisión se encarga de eso, aunque de manera limitada. El vacío que generó se llenó incluyendo (…) elementos del (…) ensayo. Aunque esto no acabó aquí, la televisión solo cuenta con quince segundos para describir una escena, y medio minuto más para contar la noticia. Esta situación crea un puente entre la televisión y la prensa escrita, porque el hombre inteligente va a comprar el periódico al día siguiente para entender lo que pasó. Para ese hombre el Nuevo Periodismo presenta nuevos valores e importancia, porque es un género capaz de informar y también de explicar, comentar, provocar su reflexión. Para Kapuściński, tener que dar cosas nuevas al hombre y la mujer inteligentes pasa por ser cien veces más sabios que ellos. Es decir, estudiar continuamente, como ya dijo con anterioridad.

Todo lo que escribo está precedido de enormes lecturas. Nuestro mundo tiene multitud de libros sobre todos los temas habidos y por haber, es importante leer los libros sobre los temas de los que tenemos que hablar, escribir sin conocerlos, o sin ni siquiera saber de su existencia, revela una actitud muy ingenua. El valor de los expertos es incalculable para nuestro trabajo. Es evidente, algo que dijimos más arriba, que no se puede hablar sin conocer un tema.

Para producir una página debimos haber leído 100. Ni una menos. Aunque Kapuściński dice hablar en términos literales, la idea es leer hasta estar seguros de conocer bien el tema. Y seguir leyendo mientras se escribe, y después, para poder revisar lo escrito.

El Nuevo Periodismo se desarrolló en (…) el posmodernismo, y una de sus características ha sido borrar paulatinamente los límites entre los géneros. Y no solo en el periodismo, también en muchas otras artes plásticas, la música… Por ejemplo, vi hace poco una exposición que no era solo pintura, sino también forja, cuadros con elementos tridimensionales y escultura. No era una exposición de pintura y escultura. Todo era del mismo autor y estaba inmerso en el mismo tema y seguía los mismos cánones. Se quería contar algo y para que fuese más completo se borraron los límites entre géneros.

El Nuevo Periodismo simplemente se suma como otra forma de expresión. Pero debemos ser conscientes para no dejar de ser, precisamente, una rama del periodismo. Quiere decir que no se convierta este género en telebasura, en sensacionalismo, que siga siendo solo en una forma de hacer más atractivo y más completo, el periodismo.

Antes dije que eran necesarios nuevos enfoques o nuevos géneros o actualizar los ya existentes. Quizás la salida de la crisis del periodismo pase por volver al Nuevo Periodismo, hacer que la información interese más, sin renunciar nunca, por supuesto, al ejercicio profesional y sin caminar nunca por la senda de la telerrealidad, el sensacionalismo y derivados. Hacer que la gente quiera volver a comprar el periódico, dándole lo que en la televisión no le ofrecen y lo que en Internet no puede estar. Pero se debe proteger para que no se pervierta.

Durante muchos Kapuściński fue corresponsal, el trabajo más duro y difícil que puede tocarle en suerte a un periodista, porque se trabajan las veinticuatro horas al día. Estuvo en países de África, en Asia, en Latinoamerica, con unas u otras guerras. Dice que eso le impedía trabajar en sus ambiciones, escribir sus libros. La solución: cree conscientemente una situación de esquizofrenia: trabajé en dos talleres de manera simultanea. Así que, cuando no tenía que trabajar se ponía a recoger notas; mientras mis colegas se iban al bar a tomar whisky yo me encerraba a elaborar notas que luego se convertirían en libros.

En el campo de la creación (la literatura, la música, etc) no hay recetas fijas y así pasa con el periodismo escrito. Cada uno tiene que desarrollar sus propias maneras de encontrar los temas y las maneras de expresarlos. Como cada persona piensa de una manera distinta, existe la literatura. Si todo fuese igual la literatura no existiría. Esto es así porque la literatura es arte y el arte es propio y diferente.

Kapuściński avisa: todo lo que escribimos es siempre una aproximación. Es imposible plasmar en el papel toda la realidad, no habría ni papel suficiente ni tiempo. Al final, nunca se dice todo lo que se quería. Por eso, todo libro es una derrota, porque se publica sin terminar de escribirlo, y el autor lo sabe.

Y eso le pasaría con El emperador, libro escrito tras la revolución de Etiopía, hecho que cubrió como corresponsal. Fue central para decidirme a encarar el libro: conocer muy bien la realidad del país. Estuvo 13 años en ese lugar, así que se ganó el derecho a escribir sobre Etiopía.

Para ello, habló con personas que conocían al emperador y le contaron su historia. Luego hizo una estructura de relatos, con lo que le contaron. Dice que cambió incluso las iniciales, para no comprometer a nadie, las conversaciones fueron durante la revolución; también yo corrí el peligro de ser descubierto durante esos encuentros. Pero así es nuestro trabajo: se corren riesgos, eso es parte del oficio.

Kapuściński descubrió que el político es un enfermo y no se le puede culpar de ser víctimas de la influencia del poder. No se nace político, es cuando se elige esa profesión cuando se cambia. Es dejar el trabajo y volver a la normalidad. Por eso insiste en que El emperador no es un libro sobre Haile Selassie, él no aparece en el libro. Lo que aparece es el modo en que el poder cambia a los hombres.

También cuenta cómo escribió este libro. El lenguaje(…) fue una creación deliberada que (…) me exigió investigar la lengua polaca. Esto es así porque quiso subrayar el autoritarismo con voces arcaicas. Para demostrar que era algo del pasado, anacrónico en los tiempos presentes, buscó palabras antiguas, sin uso. Para escribir este libro hice primero otro: un diccionario de palabras antiguas, perdidas y olvidadas. Aquí entra lo que ya comentó dos veces antes: estudiar antes de escribir.

La segunda decisión consciente fue la estructura sobre la cual construirlo. Tuvo que hacer un proceso de selección, fundamental para cualquier labor creativa, para que quedase en las 120 páginas que ocupa. Pero sabía qué quitaba, así si alguien me objeta que no coloqué esto o aquello, puedo decir que descarté esa información conociéndola, porque esa fue mi decisión para la estructura del libro.

IV. La Globalización.

Primero analiza algunos hechos sobre la Globalización. De una manera muy inteligente, usando teorías ya existentes, define el concepto, sus causas y en cierto modo sus consecuencias: el debilitamiento del Estado la privatización de la violencia, la creación de burocracias globales…

También toma dos teorías que hablan sobre cuándo surge la Globalización, para unos desde que existe la Historia y el hombre. La Globalización constituye una parte natural de la sociedad humana. Sus primeros representantes (…) fueron los griegos y su segunda ola importantes sucedió tras el descubrimiento de América. Esto le sugiere que Europa siempre se ha interesado más en el mundo que sus vecinos de otros continentes.

La otra teoría dice que empezó hace diez años. El primer argumento es que se empezó a hablar del mundo como un todo tras la Guerra Fría. Además, la revolución electrónica liquidó dos obstáculos que impedían el camino a este proceso de Globalización: el espacio y el tiempo. Desaparece esta barrera y todos estamos unidos. A través de Internet podemos conversar a tiempo real con gente de Italia, Venezuela o Irak, por ejemplo, lo que para el periodismo supone una nueva fuente de información directa y segura. Aunque con salvedades, no se sabe exactamente quien puede estar al otro lado. El tercer argumento es que el neoliberalismo ha sido fundamental, pues la libertad de comercio no implica otra cosa que el final de las fronteras.

Advierte que el término se puede manipular. Porque tiene dos formas: como proceso y como ideología. Como proceso de unión tecnológica, económica, etc y como panacea para resolver todos los problemas del hombre. Pero en realidad, al mismo tiempo que une, lleva a la desintegración con conflictos étnicos, con ambiciones regionales, con tendencias particulares, en una gran corriente que vive y se desarrolla en contra de la misma Globalización.

La globalización debilita al Estado moderno a través de un movimiento doble: desde arriba y desde abajo. Por un lado los organismos internacionales, no elegidos democráticamente por aquellos a los que tienen que gobernar, un autoritarismo oculto cuyo efecto colateral es que la gente no le interese la política. Por eso dice que funciona al revés que los sistemas autoritarios, basados en el apoyo de las masas, funcionan en base al total desinterés de las mismas. Al mismo tiempo, el racismo, el fundamentalismo, el nacionalismo atacan al Estado desde abajo. Así presionado (…), el Estado se va transformando en una institución simbólica (…), con progresivamente menos poder

Habla de que tras la Guerra Fría, el conflicto -lo que define la Historia- no desaparece sino que tiene que surgir de nuevo en otra forma. Esta forma es el conflicto de civilizaciones. Según Samuel Huntington hay ocho civilizaciones que se van a enfrentar. Las más importantes, enfrentadas a la occidental, serán la china y la musulmana, que presentan ciertas características por las cuales los valores de la sociedad norteamericana no pueden penetrarlas.

Kapuściński concede muy poco tiempo a la Globalización relacionada con el periodismo pero, aun así, dice una cosa muy importante. Hay que trabajar para buscar lo universal en cualquier tema local

porque una gota de agua contiene el mundo, pero hay que saber encontrar el mundo en una gota de agua. Antes de escribir, debemos reflexionar sobre qué hace que ese tema sea universal. Si se hace así, el texto tendrá valor y de esta manera el lector verá que tiene un mensaje universal. Los textos que viven cien años son aquellos en los que el autor mostró (…) la dimensión universal. Y lo mismo pasa durante la investigación.

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